Aquel programa llamado “El mundo de Beakman”

El mundo de Beakman es uno de esos programas que te acompañaban mientras merendabas galletas y una taza de leche. Un científico chiflado llamado Beakman con los pelos como si hubiese metido los dedos en un enchufe nos enseñaba una ciencia divertida y curiosa. Respaldado por sus dos ayudantes: Josie, Lisa o Phoebe (según temporada) y la patosa y tontorrona rata Lester, a la que Beakman siempre engañaba para participar en sus experimentos a cambio de promesas de comida.¡Ah! Que se me olvidaban los pingüinos que abrían y cerraban el programa: Don y Herb. Geniales.

Recuerdo mirar embobado la pantalla cuando explicaban con base científica hechos cotidianos, como por ejemplo “¿Por qué el cielo es azul?” o “¿Porqué suena una explosión cuando se rompe la barrera del sonido?” . Este ensimismamiento muchas veces se traducía, para mi infortunio, en una galleta reblandecida en el fondo de la taza, imposible de alcanzar hasta que no me bebiera la leche. Mientras inútilmente yo trasteaba con la cucharilla intentando pescar el trozo de galleta, el artista de la tele invocaba a ritmo de locomotora al todopoderoso Pseudoscopio. Con él Beakman nos explicaba con sencillas animaciones el porqué de las cosas cotidianas de nuestro alrededor. En otra sección del programa se nos daba la oportunidad de realizar experimentos científicos usando como ingredientes cosas que por lo general eran de uso cotidiano y que se podría encontrar en prácticamente cualquier hogar. Recuerdo quedar impresionado cuando hicieron el vidrio que se usa en las películas. Ya sabéis, ese que se rompe tan rápido cuando se pegan un botellazo en la cabeza.

El mundo de Beakman era divertido, original, con rigor y con un valor docente increíble; al menos desde mi punto de vista. Si ya desde pequeñito gracias a mis padres la ciencia y la naturaleza se habían hecho un hueco importante en mi corazón y en mi mente, este programa fue para mí (y seguro que para muchos) uno de esos que te marcan cuando eres pequeño y que cuando echas la vista atrás siempre lo recuerdas con cariño. Aprendimos mucho con él, no solo por lo que el mismo programa nos enseño, sino por la curiosidad que nos despertó y que provocó que nos hiciéramos más preguntas.

Aquí os pongo un enlace a una página desde la cual os podréis descargar algunos capítulos.“¡Bada bing, bada bang, bada vamos allá!”

Pero si hablamos de divulgadores de la pasión y el amor por la ciencia y la naturaleza, entonces tenemos que hablar de Carl Sagan, de Félix Rodríguez de la Fuente y de Sir David Attenborough. Pero eso ya será otro día.

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